Aprendiz de la vida

martes, 5 de mayo de 2015

Proyecto Makey Makey



El tercer proyecto que hemos realizado lo hemos llevado a cabo mediante la placa Makey Makey.
Makey Makey convierte objetos comunes en touchpads y los combina con internet.
Para utilizarlo se conectan con caimanes dos objetos (por ejemplo tú y una manzana) a la placa Makey Makey.


Cuando tocas la manzana, haces una conexión, y Makey Makey envía al ordenador un mensaje de teclado. El ordenador piensa que Makey Makey es como cualquier teclado o ratón. Por lo tanto, funciona con todos los programas y las páginas web, debido a que todos estos programas y páginas tienen compatibilidad con el ratón o teclado.

Nosotras lo utilizamos con un piano de internet. Dicho piano lo encontramos en la página de Makey Makey; ya que, nos parecía el más apropiado de los que vimos.


Hicimos varias pruebas con diferentes materiales antes de llevarla a la práctica con los niños. Con plátanos, manzanas, tinta conductora...

Cuando vinieron los niños primero volvimos a realizar el proyecto de la plastilina conductora que hemos explicado en anteriores entradas.




 Después, les propusimos tocar el piano sin tener un piano de verdad. Los niños en un principio no entendían como podíamos hacer música con un piano sin tenerlo.

Para empezar, enganchamos los caimanes a un trozo de cartón, en el cual habíamos dibujado anteriormente con tinta conductora una especie de piano; y otro a una pulsera, para que los niños pudiesen agarrarla y así hacer la conexión.


Los niños fueron probando de uno en uno tocar el piano mediante el cartón y vieron que sonaba. También se dieron cuenta de que solo funcionaba cuando agarraban la pulsera.


 Tras realizar el proyecto con el cartón y la tinta conductora, lo realizamos esta vez con plátanos. Volvieron a tocar el piano mediante los plátanos de uno en uno haciendo sonar el piano.
Esta segunda prueba, les impresiono más que la anterior con el cartón.



Para finalizar, les propusimos realizar esta misma prueba, pero en este caso, en vez de con 6 plátanos, lo hicimos con tres plátanos, dos mandarinas y una manzana.
Pudieron comprobar que al igual que las anteriores pruebas, también funcionaba. Pero, en el caso de la manzana, vieron que había que darle un golpecito más fuerte que al resto de las frutas.



Como conclusión, hemos visto que el Makey Makey es una herramienta con una gran variedad de posibilidades con las que realizar diversos proyectos. También hemos de de mencionar, que es una herramienta muy útil para utilizarla en la educación, empezando en Educación Infantil hasta los adultos; ya que, se pueden realizar actividades muy simples o muy complejas.

viernes, 24 de abril de 2015

Proyecto plastilina conductora


Nuestro proyecto consistirá en realizar una actividad de introducción a la tecnología mediante la plastilina conductora.

Para realizar la plastilina conductora necesitamos:
100ml harina
100ml agua
2 cucharadas de sal
1 cucharada de aceite vegetal
Zumo de 2 limones
Colorante alimenticio

Elaboración:
Para dar comienzo a la elaboración de la plastilina mezclaremos todos los ingredientes en una cazuela; a poder ser una cazuela de tamaño mediano o grande para que nos entren todos los ingredientes con comodidad. Una vez que los productos estén en la cazuela debemos remover hasta que la materia quede homogénea.
Cuando observamos que la masa este homogénea, debemos ponerla a calentar en el fuego sin parar de removerla.

Posteriormente, cuando hayamos logrado hacer una bola, la depositaremos en una tabla de plástico con un poco de harina y la dejaremos enfriar.
Cuando el producto se haya enfriado empezaremos a amasar con la harina de la tabla. En caso de que se quede pegado añadiremos aceite, por el contrario, si la materia esta pringosa le añadiremos harina.
Para conservar esta masa podemos guardarla en un bote de plástico con tapa o en una bolsa hermética.
Dado que es necesario una cazuela y fuego para la realización de la plastilina, la llevaremos preparada de casa.

Para la realización del proyecto con los niños necesitaremos los siguientes materiales:
Porta pilas
4 pilas
Zumbador
Led
Plastilina conductora


Objetivos:
Introducción a la tecnología
Introducción a la robótica
Ver las múltiples utilidades de la plastilina conductora
Ver que mediante un circuito sencillo se puede hacer encender un led
Que aprendan mediante este sencillo proyectointeractivo
A través del proyecto que se diviertan utilizando la tecnología




Conclusión:
Al realizar la actividad de los Leds en el colegio de Santa Teresa, nos dimos cuenta de que la plastilina que con anterioridad habíamos hecho artesanalmente, no había quedado lo suficientemente compacta. Aunque vimos que algunos niños jugaban y disfrutaban con la plastilina demasiado húmeda sin ningun problema, decidimos añadirle más harina con la ayuda de los alumnos, para que todos disfrutasen y pudiéramos realizar el proyecto.


Una vez la plastilina estaba lo suficientemente compacta los alumnos realizaron dos bolas para posteriormente insertar una pata de cada led en cada una de las bolas realizadas y ver si se encendía o no. En el caso de que se encendiera, se ilusionaban; ya que eso significaba que habían realizado correctamente el ejercicio. Por el contrario, si no lo conseguían, hacían pruebas hasta conseguirlo.




Para terminar, nos gustaría mencionar que hemos aprendido mucho con este trabajo. Por un lado, aunque considerábamos que el ejercicio de los leds era una actividad bastante complicada para niños de 4 años, hemos comprendido que con una sencilla explicación y su ilusión e interés no se encontraban con muchos obstáculos para sacar adelante la actividad.
Por otro lado, nos hemos dado cuenta que con pocos materiales podemos realizar actividades interesantes para ellos con las que además de aprender disfrutan.

martes, 31 de marzo de 2015

Tecnología, ¿beneficia o perjudica el desarrollo de los niños?

Los niños menores de cinco años tienen una habilidad sorprendente para saber cómo dominar las nuevas tecnologías.Desde teléfonos inteligentes hasta tabletas y juegos de consola, no es inusual ver a un niño de uno o dos años deslizar de forma intuitiva las pantallas y presionar los botones con seguridad.Incluso si los padres disfrutan de la paz momentánea que produce darle a un pequeño un aparato para que juegue, en secreto les preocupa si ese tiempo al frente de la pantalla le está causando daños en el cerebro.Pero al parecer, estos juguetes tecnológicos pueden ser beneficiosos para el aprendizaje. Y cuanto más interactivo, mejor.

Un estudio de la Universidad de Wisconsin, en Estados Unidos, presentado esta semana en una conferencia de la Sociedad para la Investigación del Desarrollo Infantil, descubrió que los niños de entre dos y tres años eran más propensos a responder a pantallas táctiles que a las que no requieren de interacción (como la televisión).Según la investigación, mientras más interactiva y más real sea la pantalla, más familiar se siente desde la perspectiva de un niño de dos años.Heather Kirkorian, profesora en estudios del desarrollo humano y familiar, explicó que su trabajo es un indicativo de que las pantallas táctiles pueden tener un uso potencial para la educación de los bebés.
Cuando realizó otra prueba sobre aprendizaje del habla, los resultados fueron similares."Los niños que están interactuando con la pantalla mejoran mucho más rápido, cometen menos errores y aprenden a un ritmo más acelerado", afirmó la especialista."Pero no los estamos convirtiendo en genios, sólo los ayudamos a tener un poco más de información". Así que ya pueden respirar más tranquilos, sus hijos sólo están haciendo lo normal, interactúan con el mundo.

En cualquier caso, la tecnología, en la forma de celulares y tabletas, está aquí para quedarse. Muchas escuelas primarias y algunos establecimienos prescolares de Reino Unido están introduciendo iPads en sus salones de clase para facilitar el aprendizaje. Entender la tecnología y cómo funciona forma parte del currículo. A veces es sorprendente la naturalidad con la que los bebés manejan los aparatos."No soy una de esas personas que cree que no deberíamos exponer a los niños a celulares, tabletas y otros dispositivos", comentó Helen Moylett, presidenta deEarly Education, una fundación que tiene como meta mejorar la calidad de la enseñanza y de los niños menores de cinco años."(La tecnología) puede ser una herramienta útil e interesante si se utiliza en el lugar adecuado para ayudarnos a aprender, y no todo el tiempo ni como reemplazo de otras cosas".

No obstante, la mayor preocupación de Moylett es que no siempre los padres son un buen ejemplo."Veo a padres enviando mensajes de texto mientras caminan. Muchas veces están enganchados a sus aparatos, que se convierten en una barrera de comunicación con sus hijos".Un estudio reciente de la escuela de educación de la Universidad de Stirling, en Escocia, descubrió que la actitud de la familia en casa respecto a la tecnología era un factor importante en la relación del niño con ella."Las experiencias de los niños de tres a cinco años están mediadas por el contexto sociocultural de cada familia y por las preferencias de cada niño", fue la conclusión de la investigación."No es la tecnología la que impulsó o dominó la experiencia de los niños, sino que fueron sus deseos y la cultura de la familia lo que formó el tipo de compromiso".

Según Christine Stephen, autora del estudio, la mayoría de los padres entienden los peligros de la adicción y la pasividad, por lo que implementan reglas para establecer horarios al frente de la pantalla que asegure que el niño tenga una variedad de actividades tanto dentro como fuera de casa.  Mal hábitoPero existen otros expertos que no están de acuerdo.
El psicólogo Aric Sigman ha declarado con frecuencia que los niños están más expuestos que nunca a la pantalla y que este hábito debe ser cambiado, pues podría llevar a la adicción o depresión.Hay quienes advierten de la sobre exposición a la pantalla.Sigman calcula que los pequeños que nacen ahora pasarán el equivalente a un año pegado a las pantallas antes de cumplir los siete años.

De ser cierto, poca gente podría negar que sea un dato preocupante.Si sólo el 9% de los niños en Reino Unido no tiene acceso a una computadora en casa o en la escuela, podría afirmarse que las pantallas son dominantes y que, al parecer, no hay vuelta atrás.Entonces, la clave podría estar en que los niños aprovechen al máximo su tiempo frente a la pantalla, descargando las mejores aplicaciones y programas que contribuyan a su aprendizaje.Jackie Marsh, profesora de educación de la Universidad de Sheffield, en Reino Unido, considera que es necesario realizar más investigaciones en esta área: "Describir qué es lo que creemos que deben ser los principios de buenas aplicaciones, porque hay una falta de un recursos central para los maestros. No se trata sólo de darles iPad". 
Desarrollo de habilidades Marsh considera que programas de buena calidad pueden ayudar a niños con problemas de aprendizaje para desarrollar las habilidades que no tienen.La experta explicó, además, que los sitios de internet también pueden ofrecerles a los niños un espacio virtual para desarrollar la autoconfianza cuando no puedan hacerlo en casa o en el salón de clases.Su mensaje a los padres es que dos horas de pantalla cada día es suficiente para niños menores de seis años.Marsh agrega que, a pesar de que hay una minoría que considera que las pantallas no son saludables, no hay evidencias que sugieran que son perjudiciales.

Otro estudio afirma que los niños se aburren con rapidez con un tipo de medio y tienden a combinar el tiempo al frente de una pantalla con juegos de muñecos o corriendo en espacios abiertos."Podemos caer en pánico sobre esto, pero los pequeños son muy curiosos y perspicaces", sostiene Helen Moylett. "Los niños van a estar expuestos a todo tipo de cosas". Quizás, al final, sólo quieren disfrutar de la tecnología de la misma forma que lo hacen los adultos. 

martes, 17 de marzo de 2015

El Gran Hermano va a la escuela



Leyendo el blog de Josemi he dado con un articulo que ha llamado mucho mi atencion y que me ha parecido apropiado compartir en mi blog. 

 [Fuente:http://ccaa.elpais.com/ccaa/2015/03/13/catalunya/1426275647_125764.html]

Gemma Galdon Clavell

Mientras a los adultos se nos pide que sacrifiquemos privacidad a cambio de libertad, los estudiantes pierden una y otra.

Hace solo unos días, el Consell Escolar de Catalunya publicaba un documento alentando al uso de los móviles en las aulas. La publicación de este informe coincidiendo con el Mobile World Congress apostaba, acertadamente, por relacionar los debates educativos con la actualidad tecnológica. Sin embargo, este debate parece llegarnos cuando la comunidad educativa global se encuentra ya a años luz del enfoque que plantea el Consell. Abrimos un debate que ya ha caducado.

La relación entre la tecnología y los procesos de aprendizaje ha tomado desde hace tiempo caminos mucho más innovadores a la par que preocupantes, en los que los retos del Big Data, la EdTech, las tecnologías inteligentes y la vigilancia se enfrentan al desafío de lidiar con menores y respetar el derecho de los niños y niñas a desarrollar su autonomía sin ser sometidos a la vigilancia constante de sus actividades ni exponerse a la explotación privada de sus datos académicos y personales.

En Estados Unidos el debate es tan intenso que ha derivado ya en propuestas legislativas. En enero Obama anunció la Ley de Privacidad Digital para los Estudiantes, y recientemente empresas como Google, Apple, Microsoft y las grandes proveedoras de tecnologías vinculadas al aprendizaje firmaron el Compromiso con la Privacidad de los Estudiantes para abordar específicamente estos temas. En realidad la preocupación por cómo se recogen y gestionan los datos de los y las alumnas estalló hace casi un año, cuando una de las historias empresariales de éxito de la era de los datos, la start-up InBloom, quebró entre acusaciones de vulnerar la privacidad de alumnado y escuelas.

InBloom se había creado unos pocos años antes para proporcionar a los centros educativos un espacio en la nube para almacenar todos los datos resultantes de la vinculación entre el alumnado y su escuela. Un Dropbox masivo para escuelas que fue adoptado por distritos enteros hasta que algunos padres y madres empezaron a preguntar sobre la seguridad y la privacidad de esos datos. ¿Podían acabar los expedientes académicos en manos de terceras empresas y determinar el futuro de sus hijos? ¿Cómo se protegían datos personales sensibles, como las dificultades de aprendizaje o acontecimientos familiares relevantes? ¿Preveía InBloom almacenar los datos eternamente? ¿Qué decisiones sobre las criaturas se estaban tomando en base a los datos generados por el comportamiento online, sin hablar con el alumnado ni tener en cuenta las diferencias con los entornos online y offline?

Es evidente que en nombre de la autonomía, la alfabetización digital y la innovación, hemos convertido a los jóvenes en ciudadanos hípercontrolados

El caso InBloom reveló el interés comercial por esta cantidad ingente de datos personales, así como la ubicuidad de las tecnologías en el aula: desde videovigilancia a controles biométricos de la huella digital al entrar en clase, pasando por el control por tecnología NFC a los niños y niñas que se desplazan solos, y las plataformas de aprendizaje y evaluación online que registran cómo aprende cada estudiante: cuándo accede a la plataforma, qué teclea mientras está en ella, qué documentos abre y durante cuánto tiempo, qué webs visita durante y después, y cómo afecta el aprendizaje al comportamiento online de los menores. Un Gran Hermano específico para estudiantes.

En muchos países es ya evidente que en nombre de la autonomía, la alfabetización digital y la innovación, hemos convertido a los jóvenes en ciudadanos hípercontrolados a los que jamás se les pide el consentimiento ni se les pregunta si son conscientes de las consecuencias sobre su privacidad de las decisiones tecnológicas de (las instituciones de) los mayores. Mientras a los adultos se nos pide que sacrifiquemos privacidad a cambio de libertad, los estudiantes pierden tanto lo uno como lo otro. Recogemos sus datos desde que se levantan hasta que se acuestan, les hacemos participar involuntariamente en experimentos de análisis de pautas de aprendizaje sin que ni adultos ni supervisores puedan dar cuenta de cómo se recogen y gestionan los datos, ni a qué usos se destinan cuando acaban en manos de terceros. Y cuando los estudios nos dicen que la consciencia de esta vigilancia hace a los jóvenes más desconfiados hacia las instituciones, miramos para otro lado.

Avanzamos sonámbulos hacia un futuro tecnológico al que no interrogamos nunca sobre sus efectos negativos. Cuando el mundo pide soluciones de EdTech innovadoras, responsables, auditables, que respeten la privacidad y la autonomía de los y las estudiantes, nosotros seguimos fascinados por las maquinitas y nos conformamos con un debate sobre el uso del móvil en el aula que parece tan antiguo como desenfocado.

Potenciar el uso de la tecnología en el aula debería pasar también por desarrollar y potenciar aquellas soluciones que respetan la privacidad y los derechos del alumnado al que dicen servir. Podríamos, por una vez, aspirar a aportar esas soluciones al mundo. Podríamos, por qué no, dejar de conformarnos con reproducir debates antiguos y apostar por ser protagonistas de los desarrollos tecnológicos que permitirán maximizar el potencial de las nuevas tecnologías sin ningunear la privacidad de los usuarios.